domingo, 22 de julio de 2012

GIL


Por Eduardo Giorlandini

Una noticia derivada de agencia (Montevideo, AFP-NA), publicada por “La Nueva Provincia” el 7 de abril de 2012, pág. 30, informa que el ministro de Defensa uruguayo, Eleuterio Fernández Huidobro, ex líder guerrillero, calificó a Jesucristo de “gil”: “… y que lo que se le pasó predicando fue perdonar (sic)”.
Tal expresión, que no se compadece con la libertad de expresión porque afecta la dignidad de casi toda la humanidad, motivó una generalizada desaprobación, por lo cual Fernández Huidobro trató de aclarar, carta mediante al diario “La República”, que la palabra utilizada en los tangos denota siempre un homenaje a la honestidad y a la bondad. Agregó  que en la jerga de los delincuentes “gil” es el vecino honesto y trabajador. Además, que en varias letras de tango no tiene una connotación de “malo, malvado o estúpido”.
Eleuterio Fernández Huidobro
Con toda la objetividad posible y según la riqueza inmensa de letras, vocabularios, diccionarios y, en especial, lunfardos, lo dicho por el ministro uruguayo no armoniza con la verdad; es una invención, una interpretación muy equivocada, de otro modo, porque el significado que todos, uruguayos y argentinos, informa otra semántica: Gil es tonto. Alrededor de esto hay muchas derivaciones y acepciones idiomáticas. Es posible que alguna vez se use el vocablo en un sentido afectivo, entre amigos, o cuando hay mucha confianza, o entre familiares, como, por ejemplo, cuando se le dice a alguien que está dando, concientemente o no, más de lo que corresponde razonablemente.
Más es evidente que, en el contexto de la leyenda personal de Fernández Huidobro y de lo que expresó, es un desvarío o tiene mal registrado un dato muy antiguo, del siglo XV, cuando “gil” era el individuo de un bando de la comarca cántabra de Trasmiera, según el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española. Martín Alonso, cuya obra idiomática es conocida en gran parte del mundo, aclara que ese bando era de la montaña de Santander y sus miembros eran llamados “Giles”, adversarios de los “Negretes”. Y nada más, tan sólo esto, tan acotado, tan distante, tan distinto a lo conocido y repetido hasta el cansancio: que gil significa tonto. Así es, como hecho literario, científico y social, en el habla popular del Río de la Plata.
Seguramente, el ministro se ha expresado de la peor manera a pesar de que en Uruguay tienen una gran obra, el Diccionario del boliche, de Juan Carlos Guarnieri, que registra que gil quiere decir tonto

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